miércoles, 2 de noviembre de 2011

Necesito un japonés.

Hoy es uno de esos días en que quiero arrancarme la cabeza y lanzarla a las vías del tren, para que no pertenezca más a mi ser, para que deje de pensar y por tanto, de recibir estímulos innecesarios. 

Hoy es uno de esos días en que me gustaría estar en Japón, que en lugar de frío en el alma sienta calor. Y no pido más que casarme espiritualmente con un residente, que me lleve al Monte Fuji para pegarme la cabeza donde estuvo antiguamente; con su beso lo haría, en conjunción de su mirada, y ya en serio, que en el tema del pedir yo ya no pediría nada.

miércoles, 8 de junio de 2011

Anoche estuve llorando


Anoche estuve llorando,
por los golpes que me han dado,
porque mi corazón han tomado,
además de estrujado y drenado.

Anoche estuve llorando,
por cada diez páginas leídas,
por cada una escrita;
por todo lo que he hecho,
y por lo que no he podido hacer.

Anoche estuve llorando,
y en silencio lo hice,
hasta desgarrarse mi alma,
hasta olvidar tus palabras,
que sobre mis hombros cabalgan.

Anoche me sorprendí llorando,
con una mano estirada,
queriendo alcanzar la nada;
con la otra en el pecho,
conteniendo la calma.

Y estuve llorando por ti y por todos,
por los que conocí,
por los que conozco y conoceré.
Porque alguna vez amé y eso ya se había ido,
porque creí posible lo nuestro,
y porque hoy me encuentro contigo,
así, después de tanto tiempo perdido.

Añoro, el sabor de la serenidad;
despertar y no encontrarte,
y hoy, no sé que vienes a buscar,
si ya había sonseguido olvidarte.

La ilustración le pertenece a: Rosenkreutz.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Cómo crees que se llame?

Quedé en concertar la cita una semana antes, pues sabía que a él le incomodaría más que a mí. Los lunes solían ser aburridos, esperaba que este fuera la excepción, y después de terminar mi horario en la oficina, fui a conseguir la despensa de la semana, durante la cita no quería tener más preocupaciones que las que ya tenía acumuladas.

A mi llegada, el bajó desde el cuarto piso, donde se encontraba nuestro apartamento, tenía una seriedad inusual en la cara, sin decir nada, se dispuso a ayudarme con el cargamento. Al dejar todo en nuestra mesa, le di un suave beso en los labios, como agradecimiento por cargar con todas esas bolsas y sobre todo, para aligerar su estado de ánimo; por fin me sonrió, me miró inquieto y se fue a la habitación.

Me di una ducha de 5 minutos, sólo para relajar el cuerpo, y cuando entré a la recamara, el miraba fijamente hacia un punto ciego en el televisor, mientras cambiaba frenéticamente de canal.

¿Estás segura? – me preguntó por décima vez, cuando estaba secando mi cabello frente al espejo.
Me parece una buena idea ¿a ti ya no? – le cuestioné mirando su reflejo con tranquilidad, pues así me sentía en ese momento.
Es sólo que me preocupa más lo que pasará después – desde el respaldo de la cama, se acercó hasta el borde de la misma.
No veo claro el que tenga que preocuparnos algo, mi vida contigo siempre ha tenido un buen rumbo ó ¿es que dudas de ti? – ahora me estaba peinando.
No, creo firmemente en lo que siento por ti, es sólo que has accedido muy fácilmente y no sé si realmente lo estás tomando así – me percaté que había soltado el control y aferraba las manos al cobertor.
Estoy segura, de que si yo no hubiera accedido te molestarías y ya que estoy aceptando ¿le estás buscando un “pero” al asunto? – dije en un tono sosegado.

Tienes razón – concedió después de algunos segundos, y finalmente, dejó de frotar sus manos contra el cobertor.
Accedí fácilmente, porque tengo ganas de hacerlo, aún hay muchas cosas que me inquietan sobre ti, deberías preocuparte cuando ya me seas predecible – lo que le dije era cierto, me alentaba la idea de saber cómo sería el hombre que yo amaba, con otra mujer – ¿Hay algo más que te preocupe o qué estés pensando decir? – especifiqué.
Pienso en que tú, nunca serías predecible para mí – se acercó por detrás y cruzó sus brazos por encima de mi estomago, beso y mordisqueó mi lóbulo izquierdo, miramos nuestro reflejo en el espejo y sonreímos ampliamente.

No tardé mucho en arreglarme, quería lucir natural para ambos. Subí al auto con paciencia, mi perfume inundo el ambiente, abrí la ventanilla y deje que la noche se integrara a nuestra pequeña fiesta. Después de 15 minutos, el auto se detuvo, un chico le pidió las llaves a mi amado, giré la cabeza hacia el gran edificio, un letrero luminoso declaraba su nombre: Hotel Jaune

¿Cómo crees que se llame? – le pregunté al andar, pero el tan sólo encogió los hombros. La prostituta nos estaba esperando en la habitación 76, en un arranque de adrenalina, tomé su mano con firmeza y nos adentramos a aquel, paraíso de placer.

La ilustración pertenece a: Ninfainna.

viernes, 13 de mayo de 2011

Bienvenido a este sitio, donde pendejadas encontrarás.



Un mensaje de bienvenida, debería siempre coronar a todo sitio virtual, pues el usuario de este modo, perdido no se sentirá, nunca están de más estas palabras, el agradecer que hoy comienza un nuevo ciclo y que el que me acompañen, al menos para mí, no tendrá igual.

Pendejadas y algo más... elegí nombrar al sitio, pues desde mi perspectiva, sano siempre será, encontrar un espacio para liberar las ironías de mi vida: maldad, locura y grotesquidad. Historias insanas que si no expulso de mi mente, a ésta consumirán. 

Espero entiendan esta estúpida justificación, y si esto no sucede, no habrá más nada que esperar; bienvenidos seas y no pido que perdonen mi lenguaje vulgar, pues también forma parte de lo que tengo, como buena mexicana, para dar.

La ilustración pertenece a NitseDesigns.