Hoy es uno de esos días en que quiero arrancarme la cabeza y lanzarla a las vías del tren, para que no pertenezca más a mi ser, para que deje de pensar y por tanto, de recibir estímulos innecesarios.
Hoy es uno de esos días en que me gustaría estar en Japón, que en lugar de frío en el alma sienta calor. Y no pido más que casarme espiritualmente con un residente, que me lleve al Monte Fuji para pegarme la cabeza donde estuvo antiguamente; con su beso lo haría, en conjunción de su mirada, y ya en serio, que en el tema del pedir yo ya no pediría nada.

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